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sábado, 31 de marzo de 2012

Capítulo Uno

::Eli::

-Felicidades-dijo efusivamente Matt del otro lado de la línea.

-Gracias, que bien que hablaste, hace mucho que no se de ti-respondí dejándome caer en mi cama.

-Bueno, tenía que hablar. No todos los días te gradúas, iba a llamarte ayer pero supuse que saldrías algún sitio-confesó

-Sí, salí. Pero regrese temprano, ya sabes que no soy de ese ambiente.

-Bueno, solo te llamaba para eso. Ahora voy de salida te llamo luego o haber si coincidimos en el chat.

-Claro

Colgó, sin dejarme tiempo para despedirme. Me molesto un poco su manera cortante, pero se me paso un momento después cuando mi mamá me dijo que iríamos a ver a mi abuela.

-No te estoy preguntando si quieres-agregó un segundo antes de abandonar la habitación.

Para tener veintitrés años, mi madre me seguía tratando como si fuera una niña. No tenía ganas de pelear con ella, por lo que me decidí a hacerle caso por una vez en la vida. Cepille mi cabello un par de veces, lo moje y me lo deje suelto.

De camino tuve un par de minutos para ordenar mis ideas y disfrutar del tranquilo silencio de una ciudad como Roma. Una ciudad bellísima, llena de arte e inspiración, el tan solo tener la oportunidad de observarla en un punto alto traía miles de ideas a tu cabeza. Esas ideas te hacían poner el piloto automático a la realidad y dejarte llevar por la fantasía, una serie de sensaciones se abalanzaban en tu interior y los sentimientos eran tan palpables que causaban estragos en tu mente como si fueran reales.

¿Y cómo es que quería irme? Esa explicación nadie la entendía. Pero yo, sentía que esta vida ya la había explorado completa, que todo ya estaba guardado en mi memoria y jamás lo olvidaría; ahora quería algo nuevo.

Aparcamos afuera de la casa de mi abuela. Para ser una persona de sesenta y tantos años, mi abuela era genial, divertida y paciente. Sonreí cuando los recuerdos me llegaron y baje del coche.

Entre en la casa y me invadió el olor típico de mi abuela, algo entre jabón, madera, papel y perfume. Camine a la sala de estar y apenas entre hubo una serie de sonidos que me sorprendieron con la guardia baja; una fiesta sorpresa.

Estaba ahí toda mi familia. Eso era impresionante, casi no solían estar todos juntos en una habitación por mucho tiempo, porque terminaban en conflicto. Así que por lo general guardaban su paciencia para los días como Navidad o Año Nuevo y de ahí preferían estar un poco distanciados. Sonreí al apreciar la escena.

Poco después me vi envuelta en una marea de abrazos y felicitaciones, sin mencionar uno que otro regalo y, sin saber muy bien como, termine sentada en una de las sillas del comedor, previamente dispuesto para disfrutar de una comida tardía o de una cena temprana. Los murmullos fueron acallándose conforme las miradas de complicidad corrían por la habitación; algo se traían entre manos.

-¿Cuáles son tus planes ahora Li?-dijo mi abuela con cariño, acortando más el ya de por sí, corto de mi nombre.

Divague un poco ante la posibilidad de que algún día terminaran diciéndome “I”, porque, sí, en la familia cada quien me decía como se le daba la gana.

-Uhmm… Pues planeo estudiar la especialidad, sólo que aun no me decido por alguna-dije sinceramente y todos rieron.

-No deberías tomártelo tan a la ligera, Lizzy-comento una de mis tías.

-Ok, díganle ahora o simplemente me moriré de ansiedad-dijo uno de mis tíos.

-¿Decirme qué?

-Simple: te vas a Estados Unidos. Conseguimos un departamento allá, aunque no estará listo hasta dentro de un tiempo. Pero como supusimos que no querías esperar, hablamos con la madre de Matt y está encantada de tenerte en su casa por un rato. Con la boleta que tienes la universidad estará encantada de tenerte por allá-continuo mi tío, y yo me quede helada por sus palabras.

Trataba de procesarlo todo con rapidez, pero mi mente se había quedado atorada en “te vas a Estados Unidos”. Y no era la única anonadada, mi madre tenía exactamente la misma expresión en el rostro.

-¿Se va?- comenzó, saliendo del aturdimiento antes que yo- Vaya, pudieron haberme avisado ¿no? Mi hija, del otro lado del mundo… No sé si…

-No creo que necesite tu permiso, si se quiere ir ella está en su derecho. Ya es mayor de edad- dijo mi abuela saliendo en mi defensa.

Mi madre no podía ponerse a discutirle a mi abuela, después de todo era su madre. Y si ella a mi me imponía algo, eso quería decir que mi abuela podía hacerlo con ella también, y esa discusión ya la habíamos tenido antes… Con un no muy buen desenlace.

Aunque tampoco es que mi madre fuera demasiado aprensiva. Yo sabía que se comportaba así porque al ser yo hija única, se quedaría sola en casa.

-¿Tu qué dices?-me pregunto mi madre.

-Pues…-dude- ¡Sería una estupenda idea! Wow, gracias. En serio, yo… - las palabras se me atoraban.

Hubo un silencio incómodo que nadie se atrevió a romper, sabía que mi madre no sería de lo más feliz con la idea, pero tendría que adaptarse a ella. No iba a pelear más, no iba a dejar que me arruinara el momento, así que puse una sonrisa simple en mi cara e ignore por completo el sobresalto que le había provocado con mis palabras.

-Lizzy-dijo seriamente y levante la mirada para verla de una manera fría- Hija… Te extrañaré- admitió, acto seguido respiré profundamente aliviada- Pero que te quede claro que si te metes en líos… ¡Te acordaras de mí el resto de tu vida!

-El avión sale pasado mañana…-agrego mi abuela como quien no quiere la cosa, mientras jugueteaba con su comida haciéndola ir y venir en su plato.

-¡¿Pasado Mañana?!- coreamos ambas entre sorprendidas y sí… también un tanto nerviosas.

***

-Y será genial, te mostraré toda la cuidad. Wow, aún no me creo que vendrás-dijo Matt de desde el otro lado de la línea.

-La verdad yo tampoco, se me hace algo surrealista. Siento que estoy soñando… Y no me dan ganas de despertar-respondí con la felicidad derramándose a borbotones en mi voz.

-¿Sabes? La última vez que hablamos, te colgué lo más pronto posible porque no aguantaba las ganas de contártelo todo-admitió-Me debatía internamente entre guardar en secreto o decírtelo todo y hacerte jurar que pondrías cara de sorpresa.

-Dudo que hubiera podido poner la cara que puse-reí mientras volteaba a ver el reloj- Opss ya es tarde, allá deben ser las 3 de la madrugada ¿no tienes sueño?

-Tres y veinticinco, y si te soy sincero estoy que me caigo de sueño-respondió y un bostezo enfatizo su comentario.

Puse los ojos en blanco, era tan típico de Matt eso de no cortarme por cortesía-Hecho. Vete a dormir. En menos de lo que piensas estaré allá dándote guerra.

-Claro…-dijo medio riendo medio bostezando de nuevo-Adiós.

Investigando con Matt, había averiguado que el apartamento que seria mío estaba cruzando la calle de su casa. Lo cual era un clarísimo plan con maña para mantenerme vigilada.

Colgué el teléfono, donde la línea llevaba un rato pitando porque la llamada había terminado, y me decidí a repasar la recamara una vez más. Parecía el esqueleto de lo que alguna vez había sido algo; mi escondite, mi lugar. Los posters enmarcados y algunas otras cosas que pasaban a segundo plano estaban empaquetadas, listas para viajar en la primera señal de que mi departamento estuviera habitable.

Mi ropa estaba guardada en varias maletas, junto con las pertenencias más vitales para mí. La laptop, el Ipod, la cámara, algunos libros nuevos y otros vencidos por las pastas de tanto que los había ojeado, una foto en un marco nuevecito de toda la familia tomada la noche anterior.

Me acurruque en mi cama abrazando una almohada…

Momento, esta almohada tiene que irse conmigo o no podré dormir.

La puse encima de una maleta para que no se me olvidara y volví a mi cama, esta vez abrazándome a mi misma y contemplando todo a media luz. La emoción comenzaba a acumularse en mi estómago, provocándome escalofríos, estaba impaciente por abordar el avión.

Mi madre llego un rato después y me ayudo a montar todas las cosas en el auto, mi querido Mini Cooper, con el que sería mi último viaje. Cuando terminamos, nos sentamos en la sala en silencio. Mi vuelo salía a la una de la madrugada para llegar a las 6pm en horario de E.U.

Cuando llego el tiempo de irme al aeropuerto, la nostalgia se acumulo en mi pecho. Sin duda extrañaría todo, pero en especial a mi sobreprotectora madre. Ella me hizo de copiloto hasta el aeropuerto y ahí tuvimos que esperar un largo rato, que se convirtió en poco cuando por fin anunciaron la salida de mi avión.

A las dos se nos humedecieron los ojos cuando nos dimos cuenta de que ya no había marcha atrás. Casi pude apreciar la lenta y emotiva música de fondo que acompañaría la escena de tratarse de una película. Me abrazó efusivamente, me dio unas cuantas palabras de apoyo y me hizo jurarle que le llamaría y escribiría cada que tuviera oportunidad. Dos besos en la mejilla y fue todo.

Una vez en el avión, se me hizo un nudo en la garganta. Intenté sentirme segura de lo que hacía y no arrepentirme de la decisión que estaba tomando, me quede dormida en mis cavilaciones.

“Tomo todo lo que necesitaba y salió de la habitación. Sintió la presencia de alguien cuando se detuvo en el umbral de la puerta. Un siniestro escalofrío la invadió, mientras el miedo la paralizaba…”

Desperté con un sobresalto y con una idea que necesitaba escribir antes de que se me olvidara. Consulte mi reloj de pulsera, aun con la hora de Roma, y en el marco las cinco de la madrugada.

Apoye mi cabeza en el vidrio de la ventana, decidida a mantener las palabras en mi mente, pero me distraje casi al instante.

En mi conversación conmigo misma, cambie de tema varias veces. Primero pensando en qué pensaría la gente que no me conociera sobre mí forma de hablar en inglés, ya que el idioma en si se me daba bien, la cosa era el acento delatador.

Cambié de tema sacudiendo el primero de mi cabeza. Me puse a evaluar el avión y tuve que controlar mi parte perfeccionista para no comenzar a criticarlo todo.

La idea, la idea… No te la olvides….

A pesar que mi vida había cambiado completamente de dirección y no había estudiado algo que tuviera que ver con la literatura, aun me gusta pasar mi tiempo libre plasmando historias. Amo lo que estudié, pero también me gustaría haberme metido a fondo en las letras y tenía la loca idea de quizás algún día hacer una segunda carrera.

El sueño quiso atacarme de nuevo, pero prefería no dormir más y comenzar a adaptarme al cambio de horario. Evalué por primera vez a mi compañero de asiento. Era un chico no mucho mayor que yo, yacía dormido con la cabeza caída hacia mi lado, dejándome apreciar sus facciones. Su cabello iba corto y peinado en un despeinado casual que me llamaba la atención, sus pestañas eran largas…

Dios, habiendo chicas sufriendo con pestañas postizas… Ironías…

Me coloque el Ipod, en un intento de matar el tiempo, pero entre que me aburría y el arrullo de la música, me quedé dormida…

-¿Señorita? Llegamos, estamos por aterrizar. Haga el favor de ponerse el cinturón de seguridad-susurro una voz mientras me sacudía por el brazo.

Me despabilé un poco y mi brazo choco contra el chico de mi izquierda, que también parecía algo adormilado. Cuando abrió los ojos me permitió escudriñar un color peculiar y hermoso al mismo tiempo. Me sonrió.

Aterrizamos y Matt ya estaba esperándome junto con su madre. Ambos me dieron un caluroso abrazo y me ayudaron a llevar todo el equipaje. Cuando llegamos a su casa, me indicaron mi habitación y Matt se ofreció a darme una mano acomodando algunas cosas.

Después de haber cenado, me avisaron que tendrían que dejarme un rato sola, ya que ella trabajaba y él tenía entrenamiento o algo parecido. No me molesto en absoluto, al contrario.

En un primer instante planee terminar de desempacar, pero decidí que era mejor ir a dar una vuelta. Metí algunas cosas en un bolso y salí de la casa, me detuve un momento y memorice la dirección de la placa en la entrada, por si me perdía poder tomar un taxi o algo.

Caminé, memorizando también las calles y tomando puntos de referencia para poder volver. Logré llegar, unos minutos después, a lo que supuse era el centro de la cuidad. Había varios establecimientos a los costados de la calle y uno capto mi especial atención; una librería.

Como ratón de biblioteca que soy, no lo dude y me adentre entre estantes repletos de libros. El olor a papel nuevo estaba por todas partes.

Me salté la sección de fantasía y me fui directo a los clásicos. Ladee la cabeza leyendo los lomos de cada ejemplar y encontré “Orgullo y Prejuicio”. Le traía unas ganas terribles a ese libro, desde que vi la película, así que comencé a caminar a la dependienta dispuesta a llevármelo, pero mi cartera salió de mi bolsa dejando expuesto mi permiso de conducir y tuve que detenerme.

Me agache dispuesta a recogerla, pero otras manos se me adelantaron. Levante la vista y me encontré con un chico de cabello y ojos color negro, tenía grabada una sonrisa de lado en su rostro y su mirada fue de la identificación a mí.

-¿Eliz…?

-Eli-corregí antes de dejarlo terminar.

Avanzo un paso y su rostro se vio iluminado por una de las lámparas que daban luz al lugar haciéndolo acogedor. Llevaba negro por todas partes. Sus ojos eran penetrantes y difíciles de descifrar, no podía ver más allá de su faceta de amabilidad.

Avanzo otro paso y sus ojos adquirieron mayor profundidad, si es que eso era posible. Un paso más y me vi sumergida en sus orbes oscuros y brillantes a la vez, con una fuerza poderosa que atraía como un imán.

-Damon-dijo tomándome la mano en modo de saludo…

5 comentarios:

  1. me encanto este capi esta super lindo, felicidades escribes de maravilla.
    By: Alejandra

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