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sábado, 16 de abril de 2011

Desire & Passion



Nota: Para mayores de 18. Contenido sexual explícito, abstenerse de leer aquellos que crean que pervertirá su mente.
N/A: Holaaaaaa! que tal? Puesss ayer Elii y yo (Soy Susan) estabamos super aburridas y empezamos un jueguito "la maquina de los cuentos" (Nota de Eli: Típico jugar a esto en mi escuela jijiji) o algo asi... Entonces, pues ella escribia un párrafo y yo otro... Luego se conecto Julita y no se pudo escapar de esta muajajaja... Y nuestra locura, ideas diferentes, termino en un Lemmon /: ¿Quien lo hubiera pensado? (Nota de Eli: Quien lo hubiera pensado de Julita!!! La pervertimos) y luegoo de darle vueltas al asunto decidimos publicarlo. No es de Damon... Lo siento :( Pero quizás sin nos animan pronto les traeremos unos por aquí XD (No prometo nada, soy nueva en esto) Ya aclarado, pues a disfrutar...
Desire & Passion


El frío se cuela por todas partes; voy descalza. Corro. Tan rápido como mis piernas me lo permiten. Siento pequeñas piedritas incrustarse en mis pies, cada vez son molestas pero la sensación no opaca lo que siento en mi corazón, con la respiración superficial y mis pulmones pidiendo oxígeno a gritos.


Aprieto el paso. No estoy segura de quien huyo, solo sé que está ahí, incrustado en la oscuridad. Todo pasó muy rápido y aun no soy capaz de asimilarlo, son tan solo imágenes cortadas, pequeñas fracciones del recuerdo y nada más.


Perdida, así me siento. Los retazos de recuerdos no me ayudan en lo absoluto, el dolor que se extiende por mi cabeza se hace cada vez más fuerte cuando intento recordar, y es que sí, lo siento, lo siento tras de mí a la espera de que dé un mal paso y caiga; espera que me tropiece y así, él tendría la oportunidad de cogerme, lo que quiere lograr desde que he empezado a correr huyendo de él.


Quiero llorar. El dolor con el que mi cuerpo reclama se vuelve insoportable, rebasa mis límites. ¿Es la rendición una opción a considerar? Tengo que detenerme, pienso. Antes de poder hacerlo caigo, me levanto titubeante pero con rapidez doy vueltas sobre sí misma intentando ver más allá. Una fracción de segundo después, estoy es sus brazos. Lo ha logrado.



Su respiración en mi cuello me eriza la piel, cada músculo me duele. Carga casi con todo mi peso. Mis manos buscan desesperadamente algo de que agarrarse, algo que no sea su cuerpo. No encuentro nada. Siento como la tensión de todos mis miembros va disminuyendo, y con la poca fuerza que me queda volteo mi cabeza apenas un poco, logrando ver su cruel, perfecta y tentadora cara.


La tentación es remplazada por el pudor al notar que no llevo casi nada encima, apenas lo necesario, y tengo la sensación de que no es suficiente. Intento apartarme pero no me lo permite. Nuestras respiraciones están entremezcladas, la mía vacilante y la suya profunda. Mi pulso esta en el tope.


Más cerca y esto no puede terminar simplemente bien.


Me giro, dejándome admirarlo en toda su perfección. Me aprisiona a su cuerpo, uno en el que puedo sentir su bien trabajado pecho bajo la camisa oscura. Quiero gritar, pedir auxilio, quizás conformarme con solo el hecho de hacer el intento aunque nadie me escuche. Pero no puedo, por mi mente pasan miles de cosas y la mayoría, no piensan en alejarse de él.


Soy incapaz de pensar con claridad. Estoy tambaleando entre la realidad y la fantasía, porque sí, mi mente comienza a crear teorías sobre lo que ocurrirá después y todas terminan con sus labios en mi piel. De repente algo me sobresalta. Sus manos han cambiado de posición y bajan recorriendo mi espalda, dejando un escalofrío a su paso. Instintivamente arqueo la espalda ante la nueva sensación y una pequeña sonrisa aparece en su rostro.


Un cosquilleo me llena completamente, y las ansias se empiezan a reflejar en mis ojos, al instante en que el color inunda mis mejillas, me reprendo mentalmente por las cosas que pienso y hasta llego a imaginar. Una de mis manos nerviosas sube a su nuca, se enreda en los desordenados cabellos castaños. ¡¡¿Pero qué diablos hago?!! Comprendo que la lucha entre la razón y mi cuerpo es solo un tormento, porque una parte desea alejarse de aquella persona peligrosa y mi cuerpo comienza a necesitarlo tanto como el oxígeno o el agua.


El dolor se esfuma, repentinamente y hasta el punto de hacerme dudar si de verdad ha estado ahí. Mi mano tira de él para acercarlo hasta mi rostro, pero antes de llegar siquiera a rozar sus labios el gira para dejarme contra el suelo, debajo de su cuerpo. Y en ese instante, el deseo gana la guerra contra la razón.


Me mira a los ojos y le sostengo la mirada, llena de deseo por ambas partes. Estiro mis brazos para acariciar su ahora torso desnudo recorriendo cada uno de sus perfectos abdominales. Él baja su cuerpo dejándonos vientre contra vientre y con los rostros peligrosamente cerca.


No busca permiso, no espera iniciativas. Sin embargo, yo tampoco lo hago. El poco peso que siento de él -debido a que se apoya en un codo para que no tenga que aguantarlo todo- provoca una pequeña presión que me arrebata el aliento, sin dejar pasar desapercibida la excitación de ambos. Mis manos recorren su extensa espalda y finalmente, luego de un par de suspiros, sus labios abarcan los míos; deseosos, desesperados y con lujuria.


No hace falta presionar mucho para que mis labios respondan con la misma fiereza que él ha usado, una de la cual nunca me creí capaz. Ya no se sabía donde terminaba uno y empezaba el otro, como si nos hubiéramos fundido ante la necesidad del contacto. Siento y escucho sus manos rasgar la tela en mi espalda, sin embargo no soy consciente del frío a pesar de verme totalmente expuesta a él.


El control se ha perdido y recuperarlo ahora se ve imposible.


Mis manos no pierden detalle de cada milímetro de su piel que está a mi alcance y poco a poco se deslizan por su abdomen en un movimiento descendente, hasta topar con el cinturón que abraza su cintura, y apenas mis dedos lo rozan, el jadea.


Sin pensármelo dos veces desabrocho la hebilla que mantiene cerrado el cinturón. Rodeo el botón del pantalón varias veces, hasta que no puedo resistirme y lo quito. Voy bajándole los pantalones con apenas dos dedos, mientras que con el resto de la mano acaricio cada parte de sus muslos y piernas. Él deposita pequeños besos y mordiscos por todo mi cuerpo, haciendo que me estremezca y que suelte alguno que otro gemido. No hay vuelta atrás. Arranco lo que queda de sus pantalones y lo empujo hacia atrás para sentarme luego sobre su cadera.


Toca con lentitud el valle entre mis senos, consigue respuesta de parte de ellos y un leve jadeo que escapa de mi boca. Simultáneamente toco su abdomen, me deleito con la corriente eléctrica que se apodera de mí al hacerlo, no puedo calmar mi respiración. El sonríe tan sensualmente que solo agrega más pasión y picardía al momento, sin recelar sigo el camino de esa "v" tan masculina, él gime, yo sonrío satisfecha cuando empieza a mover sus caderas para otorgar más fricción a nuestros necesitados cuerpos.



Caemos de nuevo, esta vez me toca estar encima de él. Sus manos nunca dejaron de tener contacto con alguna parte de mí, como si temiera que en la menor señal de descuido salga corriendo. Acaricia la longitud de mis piernas que lo rodean y se ciñen a su alrededor, provocándolo a dar el siguiente paso, mientras sus labios dejan un camino de besos que bajan hasta mi abdomen.


Me aprieto un poco más contra él a pesar de parecer imposible, y bajo mis manos hasta su bóxer. Agarro el elástico y los deslizo hacia abajo, mientras intento por todos los medios no bajar la mirada de sus ojos. Él sube de nuevo y juguetea en mi pecho, me hace arquear la espalda y provoca que mi parte más íntima roce con la suya, totalmente desnuda ya.


Con un suspiro entierro mi cabeza en su cuello, reprimo el grito de satisfacción que amenaza con salir de mi garganta cuando sujeta aun más fuerte mi cintura y de una sola estocada me hace suya. Un espasmo nos sacude y el gruñe, el silencio inunda el oscuro bosque al darnos unos segundos de descanso, tomando en cuenta que en ese momento lo menos que quiero es descansar, por lo que no dura mucho. Nuestros cuerpos sudorosos se entremezclan, susurros de palabras incomprensibles salen de su boca al empezar a mover sus caderas, imitando su movimiento empiezo a moverme alrededor de él. Cuerpo con cuerpo, piel con piel, me encuentro en la gloria y no lo identifico como el cielo, porque lo ardiente se encuentra en el infierno. Poco a poco, el ritmo aumenta y con ello el latido de nuestros corazones, jadeos, gemidos y hasta gritos. Ahora ya puedo decir con base que siento ese cosquilleo arremolinándose en mi vientre bajo.


Ya no le veo la cara, porque la tiene en mi hombro mientras besa lentamente mi cuello y disfrutaba el momento. Intento calmar mis respiraciones, pero su movimiento interior me hace suspirar en su oído. Si supiera su nombre lo hubiera gritado justo en el momento en que llego al clímax, pero me limito a sujetarme a él como si de ello dependiera mi vida. Un segundo después mi cuerpo se relaja.


Pero él no parece dispuesto a darme tregua. Me recuesta de nuevo contra el suelo y me besa de una manera tan salvaje que comienza a hacerme daño…


Suaves caricias, dulces los besos, pienso en eso, y siento, siento como cada vez estoy más allá del mundo de los vivos. Aquí, solo aquí, recuerdo todo lo anterior. Por qué huí de él, por qué me entregué tan fácilmente a él, por qué solo puedo asimilarlo a “él”. Porque estoy a un paso de la muerte, porque recuerdo su nombre, porque tenemos una historia, porque es un demonio, porque le amo y le temo, porque lo siento en lo más profundo de mi ser, porque succiona mi alma, porque lamento el no volver a tenerlo, porque lo agarro con fuerza y le pido mentalmente que me deje quedarme junto a él, se lo grito...


Porque él no parece escucharme.