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lunes, 23 de mayo de 2011

Siempre




N/A: Hola!! Este Shot lo tenemos desde hace un rato, por mi culpa (Eli) no lo habíamos publicado :S Pero pues ya saben la historia, estabamos aburridas y con problemas de hiperactividad... Y esto sale de esos momentos!! Viene directamente de marte, el mundo de la perversion y el del drama (No intenten entender eso ) xD Sin más que decir A leer... ;)




Rated: M (Mayores de 18 o personas con mentalidad abierta)



Mis manos se sujetan fuertemente a su cabello, las suyas se mantienen firmes en mi cintura y mi rodilla roza esa parte entre sus piernas. Entrecierro mis ojos mientras el sonríe precavido y divertido al mismo tiempo.




Una de mis manos viaja a mi espalda, a ciegas y con las llaves temblando en mi mano, logro abrir la puerta. Así, conmigo tan cerca de su cuerpo, entramos en mi departamento. Mi bolsa cae al suelo, estoy muy ocupada para preocuparme por el contenido, mas cuando siento sus manos por debajo de mi blusa y tirando hacia arriba.




La leve corriente eléctrica que me provoca sacude mi cuerpo haciendo que mi torso se acerque al de él, el calor nos invade mientras vamos tirando cosas al pasar ¿Hasta qué lugar? No lo sé, no importa. Siento como muerde mi labio, la seducción ante aquel acto solo logra provocarme más. Me pego a su cálido cuerpo y le susurro dificultosamente en el oído.




-¿A dónde?- logro articular al momento que me presiona contra la pared.




-¿Tu cuarto? ¿La Cocina? ¿El Baño? - responde alternativamente mientras succiona mi cuello y me hace echar la cabeza hacia atrás.




-El baño - respondo automáticamente.




Es el único lugar que hasta ahora no ha sido marcado con el calor de nuestros cuerpos. Me sujeta de los muslos y me alza, obligándome a pasar mis piernas alrededor de su cadera. Siento su excitación, ni un baño frío nos haría apagar tal calentamiento mutuo.




Mientras sube las escaleras, mi pie se engancha a su pantalón intentando apartarlo. Gruñe en mi oído y sonrió en la oscuridad. Llegamos al baño y con prisa me mete en la regadera. Antes de tener oportunidad de reaccionar sujeta mis manos por detrás, lo barro con una mirada incrédula, se saca el cinturón y lo usa para atarme.




-Eres mía- agrega con la lujuria quemándose en sus ojos.




Suya. Sí, lo seria. Se recarga encima de mí y me da suaves besos en la garganta haciéndose camino hasta mi boca, o eso pienso en un principio. En pleno trayecto sus labios cambian de dirección y van trazando un camino hacia otra zona un poco más al sur.




Muy cerca de mi busto se detiene provocando que yo gruña. Ríe por lo bajo y sus manos pasean por cada lugar de mi cuerpo, mete sus manos dentro de mi remera y la sube. Me despoja por completo de mi prenda. Rápido, ansioso, así es como se mueve. A punto de disfrutar me dice:




-Los jueguitos no hacen mal, ¿verdad? - Y su mirada cambia.




-No, no hacen mal. Pero esta vez, seré yo la que controle – afirmo y lo miro sugestivamente. Con un poco de esfuerzo suelto mis manos, que en realidad, no estaban bajo mucha presión.




Tomo el cinturón y un momento después son sus manos las que ahora se encuentran tras su espalda amarradas. Aprieto bastante fuerte para que no se suelte y regreso mi atención a sus ojos.




-Me mataras de un infarto, un día de estos - susurra el tensándose.




- Espero que suceda mientras te hago el amor y no cuando te vea con tu esposa – él me devuelve la mirada.




Fue un golpe bajo. Sin embargo, el hecho de mencionar que es casado lo hace aun más excitante. Mis labios van besando su abdomen, muerden la dura piel de esas partes. Poco más abajo, mi lengua se encuentra con su "v" y en mi mente se dibujan formas de torturarlo.




El solo hecho de bajar el cierre de sus jeans, lo hace gemir. Sigo el plan en mi mente y me deshago de toda su ropa.




-Me haces sentir vulnerable- dice entre jadeos mientras mi mano viaja a su zona más intima.




-Aquí no se está en igualdad de condiciones, es injusto- agrega y me desvisto con rapidez complaciendo.




-¿Así está mejor?- pregunto mientras lanzo pequeños ronroneos que lo hacen temblar. Me acerco lentamente a su boca mientras que con mi mano derecha me sostengo y con la izquierda voy haciendo círculos a su alrededor.




-E-res mala…- Sonrío mientras me entretengo jugando con su miembro-Ya, ya…-pide entrecortadamente




-Soy mala, querido-le ronroneo en el oído. Sus piernas tiemblan y yo encima de él.




El gime, mientras mantengo el ritmo con mi mano. Mi cuerpo lo reclama, quiero tenerlo más cerca de mí. Quiero sentirlo.




- Mmm... Esto se torna entretenido - le murmuro mordiéndome el labio.




-¿Listo para otro nivel? - El traga saliva ruidosamente y me mira como cordero asustado. Ahora, mi lengua va ocupando el puesto de mi mano y simultáneamente de su boca se escapa un gruñido.




Puedo jurar que escucho su corazón acelerado, puedo sentir como la corriente fluye entre los dos. Sus piernas piden tregua y desliza su espalda por la pared. Al momento, vuelvo a sus labios y recorro con mi lengua su contorno tembloroso. Queda sentado en la bañera. Aprovecho y me siento a horcajadas sobre sus muslos, lo llamo a que se acerque y me obedece enderezándose mientras los músculos de su abdomen se contraen.




-Hazlo ahora…-suplica




-¿Ahora? ¿No quieres jugar más?-le pregunto con fingida tristeza. Dirijo mi mano hacia su parte intima de nuevo, pero él la detiene con tan solo una mirada.




-Ahora…- murmura y mi sonrisa regresa. Sí, de nuevo esa esplendida sensación que sólo un hombre casado y prohibido puede causar en mí. Me acomodo un poco más y lo beso fugazmente, entonces, con un simple movimiento de cadera, él empieza sus movimientos y embestidas.




Mi respiración no se siente, ni la de él. El vaivén de nuestras caderas va a la par. Yo me aferro fuertemente a su cabello, él mueve su cara de mi cuello al valle entre mis senos. La parte baja de mi vientre tiembla por la anticipación del pronto orgasmo que anuncia su llegada.




-Dime... ¿Te hace tu esposa el amor como yo? - le pregunto con voz entrecortada por los jadeos.




- N...no - responde




Sus estocadas se hacen más fuertes y veloces. Llevo mis manos a su espalda y lo desato. Me lo agradece silenciosamente mientras me encierra en un abrazo que nos aprieta más el uno contra el otro, para después descender por mis piernas y terminar en mi abdomen. No es cuestión de mucho más, somos sensibles hasta el más mínimo movimiento y llegamos a la cúspide del placer juntos. Solo él y yo en el silencio del departamento.




Ahora respiramos tranquilos, deseosos de más pero no lo demostramos. Tal vez porque es de las pocas veces que nos quedamos callados y tranquilos. De repente, mi amor se levanta, dejándome sola en la habitación. Y así como estoy, salgo en su búsqueda, y lo veo, ya vestido alineándose frente a un espejo.




-Se hace tarde-me dice, lo miro con el corazón oprimido, él se va…




...Como siempre lo hace…